Un poco de su verdad

Jueves, Agosto 02, 2012
Don Arturo sonríe para la foto, chequen su gorra, por favor

Veritas parte como el favorito de ese club exclusivo que son los entrenadores del Hipódromo de Las Américas, ahora la pregunta es si será capaz de sostener tal alevosía en la pista

Por Jesús Serrano
Fotos: Miguel Ángel Espinoza

Veritas ya ha comenzado a labrar su busto de mármol y hay de quién que se atreva a retarlo. El cuatroañero vive su campaña de consolidación, luego de mostrar toda la clase en sus tiernos tres años, ha labrado un camino tributando su sudor a la memoria de figurones como Gran Zar, y fue precisamente esa victoria el 23 de junio la que lo hace el principal objetivo a tener en mente en el Baycho, nada menos que otro ícono del recordado pasado en el Hipódromo de Las Américas.

“Veritas es un poco desesperado, cuando parte luego luego quiere ir para enfrente, ese mismo problema lo hemos tenido constantemente. Me ha costado trabajo ayudarle a contenerse, que se quede atrás al comienzo, me ha costado mucho trabajo enseñarle éso”, explica Arturo Ruiz García, entrenador de este coloradito para Rancho Pozo De Luna.

Parece que a últimas fechas Veritas ha olvidado tal problema y ha cerrado con buen combustible en el tanque, sus dos primeros consecutivos (este viernes va por el tercero) bajo la guía en pista de José Ortega, fueron de esa manera, en un cierre que postró a la competencia.

“Sale (siempre) con mucha intención, y luego le cuesta encontrar la velocidad. Dependiendo de cómo se vea el panorama el próximo viernes es cómo afrontaremos el contratiempo”, señala Ruiz García. Para el gran veterano de la dirección, la distancia de una milla un dieciseisavo del Baycho, no hará mella en el enfoque de su estudiante más destacado a la hora buena.

“Él bate las distancias, no es ningún problema, yo creo que va a desempeñar un buen papel”, dice Ruiz García. Sobre José Ortega, el entrenador recuerda el escape extremo a extremo que potenció el jinete en el Gran Zar. “Depende de cómo parta, espero que José lo contenga y se venga en segundo o tercero, y de ahí espere una oportunidad. Siento que eso dependerá de cómo arranque el potro, cómo se dé la carrera, espero que Ortega tome las mejores opciones”.

Luego de un julio pasado por agua que ha visto récords de precipitación pluvial en la Ciudad de México, tal parecería que las condiciones de pista son otro de los factores que Ruiz García tiene que tener en mente este viernes, sin embargo, tomando una pausa para indicar a su galopador qué ejercicio darle a un dosañero, explica: “Veritas corre en cualquier condición, corre todas las pistas. Ya me ganó once carreras, de entre esas once, cinco Clásicos que no cualquiera. Es un caballo de mucha clase, un poco difícil, claro, como todos; tiene su modo, es un tanto difícil el caballo. Pero puedes rectearlo, aguantarlo (venir de atrás), es decir, él aguanta, él tiene todo”.

Mi vida con Veritas

Tal fervor por Veritas por parte de su entrenador impresiona. El mismo don Arturo nos saluda con una gorra que dice Veritas, y cuando el caballo terminó su trabajo del día fue escoltado al establo con un gran cuidado del caballerango. Todo en Pozo de Luna es de un incuantificable amor hacia Veritas.

Y Veritas es la luz en los ojos de don Arturo, que cuando habla de él tiene en el rostro el orgullo de un padre cuando le muestra a otros progenitores una foto de su hijo en traje de béisbol o algo parecido.

“Todos son mis hijos”, trata de salir del paso, como un padre al que le han descubierto predilección por uno de sus chilpayates. Pero vuelve la pregunta: ¿Porqué Veritas? Incapaz de seguir conteniendo su orgullo y cariño, don Arturo responde: “por su clase, y lo noble que tiene, y el hecho de él sale a correr y en esto el que es bueno es bueno y el que es malo es malo”. Suena simple, pero en sus palabras, voz y entonación, parece la sabiduría de un monje Shaolin puesta ahí para quien la quiera asimilar.

“En la vida tener un caballo bueno cuesta mucho trabajo, y cuando lo tienes, se cuida especialmente. Porque éste es más delicado, es un sentido distinto el cuidar a un caballo como éste, en todos los sentidos. Hay que estar encima de ellos en todos los aspectos: con el caballerango, con el galopador, con el velador, con todos; hay que decirles que tengan más cuidado con ese caballo, ¿Por qué, dices tú?, pues porque es el bueno. Y así es esto”.

Pero don Arturo no es un frío y calculador hombre de negocios que sabe que Veritas es una mina de oro, es también el vínculo afectivo de ver el devenir de un campeón desde la más tierna infancia.

“Cuando tengo un potrillo bueno, me doy cuenta cuando están trabajando. Noventa porciento sale de éstos. Yo me acerco al dueño cuando veo esto y le digo: ‘¿sabes qué?, vas a tener un potrillo bueno’, no va a ser de reclamación, va a ser bueno. Eso pasó con Veritas.

Cuando estaba trabajando para Rubén Contreras, que yo lo vi trabajando, todavía no tenía (a cargo) los caballos de (Rancho) Pozo de Luna, yo quería comprarlo para otras cuadras, a la Tehuantepec; no me dio; que era muy caro (fue su respuesta), y yo quería a ese caballo a como diera lugar”.

“Les decía, ése va a ser bueno, yo te lo digo”, explica don Arturo. Luego Ruiz García se hizo del mando de Pozo De Luna, quien ya lo había adquirido, tras hablar con sus dueños, y así Veritas llegó a su duro tutelaje.

Podría pensarse en esta historia –sí para agregarle más emoción−, que don Arturo buscó el mando de dicha cuadra sólo para poder dirigir a Veritas en sus primeros pasos en el deporte profesional, es un pasaje que dado el camino que se ha labrado Veritas, podría ser digno para dormir a los nietos.

Y por eso don Arturo espera que Veritas le dé una satisfacción más este viernes. Es éso o sales de la familia. Por supuesto eso no lo dijo él.

“Pero mira, ahora sabes desde cuándo lo quería yo”, dice el hombre que muchos querrían tener como su abuelo, en definitiva. “Y me llegó sin querer”, se ríe, con una sonrisa de bucanero experto en cambiar el tema y dejar de hablar de lo que no quiere hablar.

El avezado almirante Ruiz García no suelta prenda de cómo identificar a uno “bueno” (así que por esta vez a todos aquellos buscando hacer fortuna en el Hipódromo de Las Américas, les quedaremos debiendo el secreto de la salsa secreta), sólo nos despide, sonríe, y dice:

“Es increíble”, después no habla, su boca es una tumba.

Fotos: Miguel Ángel Espinoza/ Hipódromo de Las Américas.